UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA

Sin barreras físicas ni ideológicas, abierta para todos. Est.Matemáticas,Física y Química.

Sunday, January 15, 2006

Reflexiones de un estudiante

Agradezco la aceptación que se ha hecho de estos textos por parte de los administradores de este sitio. Aunque no los hubiera puesto originalmente con un alias, no tendría ningún reparo a que se citaran. Pido, sin embargo, que se aclare que fueron copiados con algunas modificaciones del foro de Indymedia y que corresponden a un contrapunteo (diálogo sería una palabra un poco ingenua) con otros participantes. En el enlace que suministro se encuentra una herramienta de busqueda donde se puede entrar mi alias, Efraín, y encontrar las páginas con la secuencia de intervenciones.Como se puede ver en varias, hubo amenazas y anuncios de pesquisas en pos de mi identidad, lo cual me desanima a retomar la discusión de una manera tal que vulnere ese frágil anonimato. Más que lo anterior, me molesta que los apologistas del paro no hicieron un esfuerzo mayor por taparme la boca elevando la calidad de sus argumentos. Aun de situaciones vergonzosas o sin sentido, la academia tiene que estar en capacidad de aprender algo, de dar un paso adelante; esa es una habilidad que el paro no ha promovido en sus participantes.
A diferencia de muchos quienes bloquean he leído críticamente el proceso de reforma y lo he comparado con anteriores procesos como el de Mockus y el de Patiño. Sé discernir entre quienes defienden el valor de preservar una tradición de aciertos y quienes se aferran a una teta (si en verdad es de la Universidad entenderá la metáfora, o por lo menos la habrá oído antes), haciendo de la obligatoriedad de una materia su garantía de justificar la vinculación docente. Por desacertada que sea la actual propuesta, el presente movimiento avanza hacia endosar su causa a quienes se opondrán a cualquier reforma positiva de la institución.


Por ahora, nuestra pasividad a lo único que nos ha llevado es a que nos metan el gol del bloqueo, de la manipulación, de la desinformación manifiesta por parte de los líderes de tomas y campamentos. Uno de tantos bobos dijo que transmilenio iba a pasar por el campus. No me extraña que los mismos que hoy condenan a Sede por ceder espacio para la alameda, en un futuro salgan a protestar porque desalojan de allí a vendedores ambulantes (quienes serán los primeros en apropiarla) y a decir que tienen derecho porque eso es público (por la defensa de la producción nacional: no al TLC, sí al contrabando). Basta leer los dichosos pliegos para ver que ni siquiera saben por qué paran. Me temo que los que no saben de qué hablan son los paristas. Exigen mil cosas a una administración, incluida su renuncia y una suerte de elección popular de directivos (materia esta de un decreto presidencial que mejor dejémoslo así, imperfecto, pues no me gustaría que el actual fuera el presidente encargado de revocarlo); además de incluir puntos que no son propuestas en concreto sino consignas (no a tal cosa...). Los de veterinaria hablan de "protección del hato", ¿cómo así? Los de agronomía se saben pocos y reconocen que una mayoría va a terminar por levantarles el bloqueo, piden refuerzos. Igual lo hace una muchacha de ingeniería que quiere bloquear química y otros edificios de ciencias. La asamblea triestamentaria del periodo pasado fue una junta administradora de bravuconadas sin sustancia, sólo consignas y aplausos y la logística de los cierres. Mientras tanto, exóticas amalgamas de profesores que coinciden en su rechazo a la reforma (ellos no hablan ni de la plata del plan de regularización ni del dichoso hato), aprovechan la recocha para legitimar su postura y salirse con la suya. Los iniciadores de este cuento han sido idiotas útiles de lo más conservador de la docencia, circunstancialmente aliado con la institucionalidad sindical docente de toda la vida. Profesores que públicamente se diferencian del bloqueo, mientras se valen de este para justificar el cese en sus labores y así parar por la modalidad de concesión. Esos saben detrás de qué van y ya van mostrando sus cartas. En últimas, la eventualidad de procesos disciplinarios recaería sobre quienes impidieron por la fuerza la entrada a sitios de trabajo y no sobre quienes fueron pasivos y no intentaron entrar.

El movimiento, que solo lo es en sentido relativo si asumimos que el mundo se quedó quieto y la Universidad se mueve hacia atrás, es una vergüenza en terminos cuantitativos y cualitativos. La mayoría de los estudiantes que se ha asomado busca tener una idea de cuando se vuelve a clase y la gran mayoría ha esperado lejos del campus noticias al respecto. La más masiva de las asambleas no ha contado con el diez por ciento de los estudiantes de la Universidad (el León tiene 1600 sillas nada más). No quiere decir tal asistenca tampoco que toda esa multitud esté comprometida en el bloqueo. Nada más miren las fotos de edificios cerrados y casi solos, o las de las asambleas en tomas cerradas para simular muchedumbre. Que una misteriosa asamblea, a la que no fuimos invitados, haya ordenado un bloqueo forzoso sobre una mayoría no le da ninguna legitimidad al hecho, como tampoco que un fulano diga que fue por orden divina.

Reto a los bloqueadores a que listen los profesores de la lista de jubilables y a que demuestren que todos son excelentes y que eso es lo que les penalizan. Se trata de una medida administrativa, discutible y todo, que busca cierto margen financiero para renovar planta docente. A todos los profesores de esa lista se les abre la posibilidad de continuar aportando lo que tengan que aportar, pero no recibiendo sueldo y pensión simultáneos (práctica cada vez más repudiada). Más de uno está dispuesto a hacerlo. Hay una generación más joven con experiencias posgraduales frescas y con gran potencial, es necesario que la Universidad pueda ser una opción salarial para gente calificada y cerrarse cavernariamente a la posibilidad de un relevo es una puñalada contra la Universidad. Cuando pueda explicar a qué se refiere con "educación 'técnica'..." discutimos ese punto. Hace casi 70 años la Universidad unió en una sola institución y un solo campus facultades con rector aparte y dispersas en la ciudad. Eso también tocó egos de gremio. Quiero que que demuestren racionalmente su última afirmación. Ya estoy como cansándome de escuchar abogar por la carga actual a quienes en la vida cotidiana se quejan de la misma. Sociólogos que aborrecen ver estadística y matemáticas (que no les gusta ni leer), ingenieros que se quejan de más de diez materias de su pénsum, politólogos que anuncian vetar a un profesor porque les quizo poner a hacer una regla de tres. Todos los profesores que despotrican de la reducción de carreras temen poner en sus argumentaciones pruebas ciertas de que los egresados exitosos utilizan el contenido de siquiera el treinta por ciento de las materias cursadas; de hecho son más los que confiesan que todo lo útil lo aprendieron afuera.

Si uno es tan intenso que no le basta la carga mínima, ahí está la Universidad para que tome el resto, o su tiempo para que lo aproveche. Más tiempo fuera del aula es una oportunidad para muchas cosas, por ejemplo para ser más solvente en un tema de lo que cinco cursos amarrados por requisitos podrían aportar; si se lo quieren gastar en jartar cerveza o en pintar carteles para un grupo, eso no es cosa ni de la rectoría ni del gobierno, vamos empezando a ser dueños de nuestros actos si queremos que nuestra palabra valga. Mitificar tanto la clase magistral con profesores a los que hoy se les da la razón en las asambleas pero después se maldecirá por cómo calificaron un parcial o evaluaron una tesis, es una de esas tonterías a donde nos han llevado la retórica y el gregarismo.

Discusión académica es correr a calificar de uribista al adversario, qué tristeza de voceros tiene el movimiento por el retroceso académico. Por ejemplo, son incapaces de distinguir entre eliminar la obligatorieadad de unos cursos y eliminar los cursos mismos. En todas partes hay cursos que, de lo buenos, los salones no dan abasto y toca disputar los cupos. Hay también cantidad de cursos que se toman porque son obligatorios y no porque se crea que sirvan para algo; si en realidad estudiara en la Universidad sabría del fenómeno. Insisto en que , no entienden a qué se refiere con el adjetivo técnico y mucho menos podría demostrar que es preferible la formación de ingeniería de la Universidad Nacional a la del Caltech o la del Instituto Tecnológico de Masachusets. Un esclavo es forzado a trabajar sin remuneración, no elige. Si el argumento es la experiencia, ahí están las aulas abiertas, como lo han estado para muchos antecesores que dictaron por gusto y por agradecimiento con la Universidad. Si es por el estómago, que escojan el camino, como muchos han hecho al irse a disfrutar de su retiro dictando en las privadas.

Apuesto públicamente a que los presentes demoledores de la Universidad, los que han tirado pupitres por las escaleras, son incapaces de restituirlos a los salones y menos de arreglarlos. Si los ven trabajando con las manos van y los acusan de técnicos y se les dañan la casta y el manicure.

Yo competí por mi cupo con más de tres mil personas (mi carrera tiene pedido). Me he ganado la supervivencia académica con esfuerzo y con talento. Me da muchísima vergüenza que la Universidad sea suplantada por personajes incapaces de estructurar una argumentación o demostrar las barbaridades que afirman.

Sé que no vaN a poner la lista porque no tiene cinco de criterio para discutir sobre los nombres reales de los profesores jubilables cuáles pertenecen al club de los mejores. Hay casos como el de sociología donde la medida los deja sin escuela y por eso llevan varias semanas agarrados por eso (de hecho, por ese argumento, muchos han rechazado la necesidad de un bloqueo). En ingeniería, en cambio, los profesores rechazan la medida pero la ven menos prioritaria que el embeleco por la derogatoria del decreto, por eso no han puesto ese tema en sus exigencias. En la lista hay muchos, pero muchos, que no están interesados en que gente tan cerrada como los bloqueadores o como anselmo salga a reivindicarlos, pues son contrarios a la mediocridad y a la estafa (los profesores, no los destructores).

No he hablado ni en los bloqueos ni en las asambleas, porque hacerlo en los primeros es legitimar un acto forzado y, valga la redudndancia, ilegítimo. Ningún bloqueador va a respetar la opción de la mayoría contra los bloqueos y religiosamente va a repetir que su persistencia obedece a una asamblea suprema (minoritaria) que determinó que todo edificio debía ser cerrado, así la mayoría de los afectados estuviera en contra. Por otro lado, plantear estos puntos ante las pilas de pupitres y de bobos a la entrada de la Facultad, sólo sirve para que se excusen en la patética frase según la cual los bloqueos al menos sirvieron para "abrir espacios de discusión". Como no he estado amarrado al patético espectáculo del cierre, he tenido oportunidad de escuchar muchas más voces y puedo dar fe de que lo que se ha hecho es lo contrario, cerrar muchísimos espacios y fastidiar a una mayoría. En cuanto a las asambleas del León, asistí a una y lo que vi fue un orden de palabra para delegados por facultades de las labores de bloqueo. Han disfrazado de asamblea una reunión interna de los bloqueadores. La falacia que está detrás de todo esto es que la legitimidad para hablar y decidir la da el trabajo en la tarea, no la validez de los argumentos. La tarea solamente puede ser bloquear y el obvio fenómeno progresivo es el incremento de la soledad del escenario, lo cual es patente para quienes lo hemos seguido sin la obligación de hacer propaganda al supuesto éxito de una protesta que fracasa. Por supuesto a quienes bloquean les conviene este alejamiento de las mayorías, pues su cuento está estructurado como una gran penitencia en la cual quien más se sacrifica, quien menos afeitado se muestra tras varios días de campamento, quien más tiempo aguantó en las eternas asambleas (diseñadas eternas para que las definiciones las tome la minoría que se quedó hasta el final), quien más sonrisas hipócritas haya repartido en las fogatas; se quede con el premio. Es como uno de esos "reality shows" de eliminación paulatina, de degradación física de los concursantes, donde no se sobrevive con razones ni con talento. Al final gana Marlon.

La forma peyorativa como se refieren a los politécnicos refleja que aspiran a un mundo donde unos señoritos con pomposos cartones están jerárquicamente por encima de los tecnólogos y técnicos y estos - a su vez - por encima de los operarios no calificados. En la vida real, la producción precisa gente con capacidad de pensar y con conocimiento y destreza en las técnicas y procedimientos. En la fábrica siempre hay contradicciones acerca de quién pone más en el proceso productivo y quién toma más de las ganancias. Además los cargos de decisión ponen retos a los individuos, no a sus cartones. Ante una mala decisión de grandes costos, de nada sirve exhibir las credenciales como títulos de nobleza, lo que vale es lo que tenga uno dentro de la cabeza y eso no está amarrado al número de materias sino a la calidad de la formación que uno fue estructurando, apoyándose en la Universidad, no delegándole la misión de trazar un camino y dejándose llevar dócilmente.

A propósito, esa es una de las mayores falacias detrás de este paro. Exigen tiempo para discutir, parlamentar, asamblear y marchar, sobre la base de impedir la continuidad de las clases; pero rechazan una menor presencialidad en el aula porque les desvaloriza el título. Podría concluirse que estas dos semanas sin clase nos bajaron el nivel y nos dieron habilidades técnicas que no teníamos.

Si el volumen de materias y horas principales da la calidad y menos duración hace más técnico un programa deberíamos concluir que las carreras de cuatro años son más flojas per se. Entraríamos en otra contradicción al llamar técnicos a los egresados de programas 95% rollo y menos de 5% praxis. Al otro extremo está medicina, con seis años de duaración, la cual tiene menos materias, pero divididas en múltiples módulos y rotaciones. Sus sesiones de aula son insignificantes comparadas con las horas de práctica y trabajo autónomo. Parecido a lo que se espera de los créditos.

En cuanto a los profesores que se van, la discusión se debe desmenuzar mejor. Por un lado sí que hay una generación muy pilosa tratando de compartir su formación doctoral de calidad. El concurso trajo gente muy pila y muy dinámica. Tener profesores de calidad no solo es preservar a los expertos y resucitarlos después de muertos, sino traer nueva gente bien preparada. Yo creo que hasta ustedes entienden eso. Sobre los errores que se puedan cometer con la medida prefiero la discusión individual sobre cada caso y no saltar al rechazo plano del asunto.

He oído de todo, pasando por las más sucias conspiraciones extraterrestres. Pero en general, poco a poco muchos han coincidido en aprender a reconocer su parte en la cirugía. Por ejemplo quienes se recuerdan en fogosas marchas para regar el almuerzo sobre el escritorio del administrador de la cafetería porque les parecía muy mala la comida. Ellos me contaron cómo la vida les enseño cuánto hay que matarse para comer y cuál es el pago que merece quien bota comida con esa altanería de señorito atendido por cinco nanas. O quienes saben que el gran saqueo de septiembre de 1972 (el cual provocó la ira del rector - ese sí bien derechista - y desencadenó la militarización y la expulsión masiva de alumnos y profesores) fue en realidad hecho por empleados de la cafetería aprovechando la "ingenuidad" de estudiantes que se dejaron ver en esas. También he escuchado el gran espectro de posturas acerca de cómo se fue degradando el espacio de Residencias, cómo la misma Ciudad Universitaria se volvió un mal vecino para quienes siempre se habían solidarizado con los estudiantes, pero fueron padeciendo que el alma máter se había convertido en santuario de apartamenteros y todo el que quisiera protección gratuita contra la policía. He conocido gente que se golpea la cabeza para entender por qué, unos treinta años atrás cuando la Universidad suministraba materiales gratis a los estudiantes, encontraba muy chistoso acabar un paquete de lápices con un sacapunta automático en un par de minutos. Sé también que el escenario privilegiado de lucha para impedir muchas andanadas contra la Universidad, no fue el más publicitado. Conozco las historias sobre trasnochos de funcionarios, llamadas, angustiosas gestiones. He escuchado a varios de los protagonistas del lento proceso para conseguir que el cierre del 84 no fuera la clausura definitiva de la Universidad, como mucha gente lo temió entonces. Conozco de los pactos entre grupos e individuos en torno al propósito de mantener la Universidad abierta, por encima de cualquier afán, de cualquiera. Hace mucho que se habla de reformas académicas, todas han hallado su primer adversario en los docentes que no aceptan modificaciones sobre su forma de ver las cosas. La oposición estudiantil a la de Patiño fue un poco distinta a como la idealizan los compiladores de la precaria historia del movimiento estudiantil. Se sabe que, en el caso de las ingenierías, no fue la reacción patriótica contra la reforma impuesta por el imperio sino más bien un arrebato de inconformidad de cliente. El paso del sistema anual al semestral dejaba a alguna gente mal parqueada. La reforma del 90 encontró a algunos viejos especímenes de la academía de antes de los 70, pero la mayoría de los docentes encargados de realizarla venían de la generación que la Universidad mandó a posgraduarse a mediados de los 70. Esa reforma se aplicó en la forma (modificación de los programas), pero no en los objetivos fuertes (tránsito a pedagogías intensivas y flexibilización de los programas). No fue lo único pero pesó muchísimo el conservadurismo de los docentes. En Ingeniería le hicieron conejo y en muchas carreras hubo contrarreforma entre cinco y ocho años depués. También entonces se denunció que querían volver tecnologías a las carreras profesionales; por eso resulta tan ridículo que haya profesores que lamenten la derogatoria del acuerdo 14 del 90 (cuando nunca lo obedecieron) o que estudiantes denuncien que les van a quitar las líneas de profundización (legado también a medias de la reforma Mockus - Hernández - Páramo). De créditos y de modificación de duración de carreras se venía hablando desde hace rato. El tema salió en la anterior rectoría (por supuesto el neomoncayismo siempre dirá que lo de ellos era distinto y - solo por distinto - mejor). Actualizar los programas a dinámicas nuevas no es liquidar la Universidad, es actualizarla. Las más elaboradas parrafadas de la oposición actual terminan reduciéndose a decir que las cosas están perfectas como están y yo sé que no es así. La acusación sobre la caída del nivel no se pregunta sobre la verdadera caída que se ha visto los últimos años sin haberse realizado la reforma. El rezago de muchos docentes, la desactualización de los laboratorios, la patética condición de nuestro sistema de bibliotecas, otrora (pero bien otrora) envidia de las otras universidades. Para la forma tradicional de ver las cosas la única respuesta que se saben es el incremento de la clase presencial; uno entiende que quien vivió décadas convencido de que eso era lo máximo no se corra de ahí. Pero yo no estoy interesado en cursar un pénsum de antes del 65 o ver muchas materias que desaparecieron en los 80 y 90 por física obsolecencia (tal vez por curiosidad histórica, pero no está bien que sean obligatorias), además de la cada vez más frecuente presencia de parácticas de corrupción académica estudiantil (fraudes, plagios, etc.), antes muy mal vistos pero cada vez más tolerados. Erróneamente, la actual directiva se la jugó por el siguiente razonamiento válido: si las cosas no se hacen completas de una vez no se hacen nunca. Pero la política del proceso no fue orientada por donde era. Ahora, de ahí a que tengan razón los tremendistas que ven en una reforma la desaparición de la Universidad, yo que soy universitario, que me comí el cuento de la mayoría de edad y de que uno es actor y protagonista de su propia formación, que no me queda grande juzgar con mi propio criterio (el cual me he esforzado en construir) si los cursos que recibo son o no son pertinentes, que puedo aprovechar la Universidad para aprender cosas que no me van a poner en materias con requisitos y esas cosas, sino por una disciplina de aprendizaje que pasa por saber leer, saber pillarse la calidad de mis fuentes de información, tener las habilidades sociales mínimas para recurrir al apoyo académico de un experto (me refiero a algo bien distinto de amenazarlo con golpearlo con un pupitre), saber venderle la idea a un patrocinador; pues no estoy dispuesto a dejarme vender esa leyenda negra. Tengo en mi kárdex materias que son requisitos para graduarme pero, antes que aportarme, me quitaron tiempo y atención a cosas más sustanciales. Yo sé bien qué me gusta y qué no me gusta de la reforma porque me he documentado y he vivido esto. No pretendan que valore igual los gritos de quienes, puestos a discutir la sustancia del tema, prefieren pensar en la logística del bloqueo, gritar unas consignas y hacerse en medio de otros igual de despistados; por aquello de que cuando uno dice algo inverosímil, toca poner a otros detrás diciéndolo para que parezca cierto. No es lo mismo. Después de tanta cosa, no he visto en ninguna de las notas la demostración de que la reforma acaba con la calidad; sobre todo cuando quienes bloquean usurpan los méritos de otros. Hay que decirlo, la relativamente notoria producción científica y académica de la Universidad (un tanto cuestionada por los buenos resultados de la de Antioquia) no se ha hecho dañando pupitres, ni saboteando investigaciones. La mayor parte de quienes hoy acampan a nombre de la gloria de otros, no van a aportar papers, ni patentes, ni premios ni nada honroso para la Universidad. En cambio, sí le están colgando unos costos y hasta haciéndola quedar mal. No solo con su pésimo español en sus papeles y en su comunicación virtual; sino por la calidad misma de lo que pretenden argumentar. ¿Si esa es la calidad que nos quieren quitar, ya para qué la defendemos? ¿Pedante? Pues claro, soy de la Nacional, allí me volví alérgico a la mediocridad y al dogma.